La isla de Renault que Francia no sabe cómo reinventar un siglo después

Fuentes: La isla de Renault que Francia no sabe cómo reinventar un siglo después

En 1929, Louis Renault culminó la transformación de la Île Seguin, una isla de 11,5 hectáreas en el Sena a las puertas de París, en una gigantesca fábrica de automóviles conectada por puentes con Boulogne-Billancourt y Meudon. Inspirada en los métodos de Ford, la planta llegó a emplear a unas 10.000 personas en los años cincuenta y se convirtió en símbolo de la clase obrera francesa, desde las huelgas de 1936 hasta Mayo del 68.

La fábrica perdió peso cuando Renault desplazó su producción a plantas modernas como Flins, Cléon o Sandouville. El cierre se anunció el 21 de noviembre de 1989 y el último vehículo salió de sus cadenas el 27 de marzo de 1992. Desde entonces, la isla ha sido escenario de un prolongado culebrón urbanístico: polos científicos, ciudades lacustres, viviendas, museos y decenas de propuestas que nunca acabaron de consolidarse.

Entre los proyectos frustrados destaca la fundación de arte contemporáneo que François Pinault anunció en 2000 con un edificio de Tadao Ando estimado en 152 millones de euros, descartada en 2005. También Jean Nouvel llegó a plantear cinco torres de cien metros en 2009, generando nuevas oposiciones. El único gran resultado visible hasta ahora es La Seine Musicale, abierta en 2017, mientras el centro de la isla sigue vacío tras más de tres décadas de planes sucesivos bloqueados, acuerdos renegociados y densidad reducida.