España ha perdido 132.641 hectáreas de viñedo entre 2010 y 2025, una cifra que equivale a dos veces y media la superficie de la Rioja. Este declive, impulsado principalmente por la sustitución de viñedos de secano por regadío y agravado por la sequía, ha obligado al sector a buscar nuevas vías de adaptación. La Comisión Europea ha aprobado el reglamento de nuevas técnicas genómicas, que desde mediados de 2028 permitirá tratar como convencionales las plantas modificadas genéticamente. Esta medida busca acelerar el desarrollo de variedades resistentes al cambio climático y a la escasez hídrica, una necesidad crítica en un contexto donde la maduración de la uva se desequilibra y el consumo de vino ha caído un 5,2% en 2025. Mientras los viticultores intentan rescatar variedades antiguas o injertar pies americanos, la tecnología genómica se posiciona como la herramienta definitiva para garantizar la supervivencia de los viñedos en España y en el resto del mundo.
