Una nueva generación de máquinas tuneladoras mediante plasma, capaz de alcanzar 27.000 grados Celsius, promete abaratar y acelerar la excavación de túneles para soterrar cables eléctricos, fibra óptica, centros de datos y otras infraestructuras críticas. La empresa EarthGrid probó con éxito su prototipo en una cantera californiana en enero, perforando tres metros de granito, y prevé despliegue comercial en 2026.
El interés por soterrar activos sensibles ha crecido tras la guerra de Ucrania, que ha mostrado la vulnerabilidad de las instalaciones aéreas frente a ataques con drones. Países fronterizos con Rusia demandan túneles para proteger sus redes. Firmas como Joseph Gallagher confirman un aumento de consultas.
El fenómeno incluye los cables submarinos de telecomunicaciones, cada vez más enterrados hasta tres metros de profundidad, y los centros de datos subterráneos, como el recién inaugurado Trentino DataMine en los Dolomitas italianos, instalado a 100 metros bajo tierra entre cavidades antes usadas para guardar vino espumoso, manzanas y queso. Su roca dolomítica ofrece refrigeración natural y protección frente a intrusiones, interferencias electromagnéticas y seísmos.
Expertos como Alexander R.E. Taylor, de la Universidad de Exeter, hablan de un auténtico 'boom' de búnkeres de datos. La consultora Arup matiza que en el Reino Unido el soterramiento sigue siendo entre dos y cuatro veces más caro que tender cables en superficie, por lo que la redundancia del sistema eléctrico británico compensa sin necesidad de túneles. Aun así, proyectos como los London Power Tunnels, de 29 kilómetros y mil millones de libras, demuestran que el subsuelo es, en muchos casos, la única opción viable.
