El sector tecnológico, que durante años se enorgulleció de dinamitar industrias tradicionales como el taxi, la librería o la música, empieza a ser víctima de su propia creación: la inteligencia artificial. Directivos e inversores viven una inquietud creciente ante el llamado 'SaaS-pocalipsis' y la reciente venta masiva de acciones en bolsa provocada por un análisis financiero ficticio publicado en Substack, según relata el artículo.
La pieza describe un clima de pánico contenido en la alta dirección. Figuras como Jack Dorsey (Block), Sebastian Siemiatkowski (Klarna) o Matt Biilmann (Netlify) compiten por exhibirse como visionarios, aunque gran parte de su discurso se reduce a lavado de imagen e hipérbole, señala el autor.
El texto argumenta que el software es especialmente vulnerable a la IA por tres motivos: es verificable, lo que permite iterar con criterios de éxito objetivos; existe una enorme cantidad de código abierto que sirve como corpus de entrenamiento; y los propios profesionales del sector construyen las herramientas que podrían sustituirlos. En cambio, en campos donde no hay un 'oráculo' objetivo —como el resumen de reuniones, la redacción o la atención al cliente— la IA sigue fallando con frecuencia.
A partir de la experiencia de industrias ya disruptadas, el artículo anticipa cinco efectos: caída de precios, presión salarial a la baja, desaparición definitiva de la profesión una vez rota la cadena de talento, un resultado bimodal con trabajadores expulsados del sector y otros más explotados, y un aumento de la brecha de riqueza. El texto concluye que ni la regulación pública ni los sindicatos, los únicos contrapesos posibles, parecen viables en un sector de marcado corte libertario.
