España ha pasado de tener una industria de electrodomésticos potente, con marcas emblemáticas como Balay, Corberó o Fagor, a conservar apenas una decena de plantas tras el cierre o deslocalización de 17 fábricas en las dos últimas décadas, según APPLIA, la Asociación Española de Fabricantes e Importadores de Electrodoméstico. El sector factura 4.500 millones de euros anuales y emplea a 8.000 personas, cifras modestas para un país del tamaño de España.
La deslocalización hacia Asia, donde los costes laborales, regulatorios y medioambientales son menores, explica el retroceso. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) grava el acero importado, pero no los electrodomésticos ya terminados que llegan de fuera, lo que penaliza la fabricación europea. A ello se suman la garantía de tres años exigida en España y la obligación de almacenar piezas de repuesto durante una década.
El mercado europeo de electrodomésticos crecerá de 112.330 millones de dólares en 2024 a 147.980 millones en 2033, según Renub Research, con un alza anual superior al 3%. Sin embargo, el liderazgo lo concentran BSH, Electrolux, Dyson, Whirlpool y la china Haier; otra firma china, Midea, adquirió el Grupo Teka entre 2024 y 2025.
La estrategia de las plantas que resisten, como CNA (Cata) en Torelló, pasa por diferenciarse en calidad, durabilidad y servicio posventa frente a la guerra de precios asiática. China ya ha mostrado su rechazo a las medidas arancelarias europeas y la dependencia del bloque en semiconductores, baterías y tierras raras limita la capacidad de respuesta de Bruselas.
