El artículo explora la naturaleza de la percepción humana ante la inteligencia artificial, argumentando que la interacción con los sistemas de IA genera una 'alucinación' psicológica similar a la que experimentamos con la literatura o el arte. El autor sostiene que, al igual que con un cuadro o una novela, el usuario reflexivamente atribuye intención a las respuestas de la IA, aunque estas sean meros resultados de inferencias estadísticas sin voluntad propia. Esta distinción entre la intención humana y la generación algorítmica explica por qué la IA es percibida como inquietante o 'extraña' (en el sentido de Mark Fisher), ya que carece de un propósito intrínseco. El texto contrasta la belleza de un atardecer natural, que es estéticamente valiosa pero vacía de propósito, con la de una obra de arte, que es intencional. De manera similar, la interacción con la IA se describe como un diálogo con un personaje ficticio, donde la 'realidad' del interlocutor es ilusoria. El autor concluye que, aunque estas alucinaciones son inevitables, su intensidad disminuye con el tiempo, permitiendo al usuario distinguir entre la empatía hacia personajes imaginarios y la realidad de las personas físicas. Este análisis invita a reconsiderar cómo interpretamos la agencia en los sistemas de IA actuales.
