Un experimento del New Yorker con Claude, la inteligencia artificial de Anthropic, demuestra que los sistemas generativos ya son capaces de producir textos literarios prácticamente indistinguibles de los escritos por personas. El autor creó un juego en el que los participantes debían identificar si fragmentos atribuidos a Henry Fielding, James Joyce, Ernest Hemingway o Arthur Conan Doyle eran reales o generados por el sistema. En la primera ronda, los jugadores acertaron solo el 52% de las veces, un resultado equivalente al azar.
Tras varios días afinando las instrucciones a Claude —eliminando símiles forzados, palabras vagas como "nowhere" o "something" y el uso excesivo de rayas—, el sistema logró engañar a más de la mitad de los participantes en las rondas finales. El texto más convincente fue una imitación de Bram Stoker: solo el 17% de los jugadores lo identificó como falso. El experimento se apoyó en textos de Project Gutenberg y en más de 30.000 respuestas obtenidas en cinco días a través de X.
El artículo vincula la prueba con la reciente polémica en torno a la revista Granta, que publicó un relato del escritor Jamir Nazir ganador del Commonwealth Prize sospechoso de haber sido generado por IA. El autor señala que, aunque la escritura robótica aún muestra "tics" reconocibles —metáforas forzadas, personajes que apenas actúan o verbos como "delve"—, estos defectos se están difuminando conforme los modelos mejoran. La conclusión es clara: para correos electrónicos, textos publicitarios o trabajos académicos, la resistencia a la escritura generada por IA "casi con toda probabilidad" se disipará cuando sea "funcionalmente imposible" distinguirla de la humana.
