La expansión de la inteligencia artificial en las ciencias biológicas ha abierto una carrera entre el uso ofensivo y defensivo de la tecnología, según argumenta la autora Annie Jacobsen en una columna de opinión. Por un lado, la IA facilita a actores maliciosos la obtención de instrucciones para crear armas biológicas, al reducir la barrera de acceso a un campo que antes requería años de formación especializada. Por otro, la IA permite detectar brotes de enfermedades infecciosas con rapidez inéditos, lo que resulta decisivo para contener epidemias y pandemias.
La Organización Mundial de la Salud utiliza Eios (Epidemic Intelligence from Open Sources), un sistema con sede en Berlín que rastrea millones de fuentes en tiempo real —redes sociales, medios locales y reportes informales— para identificar señales de brotes antes de que se propaguen. Jacobsen sostiene que la biología difiere de cualquier otra tecnología porque los organismos vivos pueden reproducirse, mutar y cruzar fronteras sin control.
La columnista advierte que la capacidad de diseñar vida avanza más deprisa que los marcos legales y los tratados vigentes, y reclama reforzar la detección de enfermedades y las defensas biológicas al mismo ritmo con el que la IA acelera el diseño de nuevos patógenos. Próximamente publicará el libro Biological War (Dutton, 28 de julio).
