La creciente adopción de fuentes con serifas por parte de empresas de inteligencia artificial se ha convertido en un nuevo marcador visible de origen artificial en interfaces y marcas, según diseñadores y expertos consultados por WIRED. La escritora y diseñadora Keya Vadgama ha bautizado el fenómeno como «el renacimiento del serif», una estrategia que firmas como Anthropic (Claude), Runway, Perplexity y Manus habrían adoptado para proyectar calidez y cercanía frente a la percepción pública de la IA como tecnología fría y sin opinión.
El recurso busca contrarrestar el rechazo social creciente hacia los productos de IA. Vadgama explica que las serifas, heredadas de la caligrafía, transmiten una sensación humana y fluida ausente en los diseños sin serifa, demasiado asociados al lenguaje visual computacional. Ali S. Qadeer, presidente de diseño gráfico de la Ontario College of Art and Design, añade que las serifas connotan erudición y confianza, por lo que resultan útiles para «ablandar» la imagen del sector tecnológico. Recientemente, el Departamento de Estado de EE. UU. también volvió a Times New Roman por orden de Marco Rubio, que calificó Calibri de «informal».
El propio chatbot Claude, interrogado por la publicación, reconoció que su estética opera en contra de una comprensión precisa de lo que es la IA y que responde a una dinámica de imitación colectiva, ya que los modelos se entrenan con diseños generados por otros modelos. Usuarios en redes sociales han tildado la tendencia de «tasteslop» y de «genérica y fea», mientras que el diseñador Yitong Zhang la compara con el concepto de «premium mediocre» del bloguero Venkatesh Rao. Vadgama considera que usar serifas para señalar «no somos una de esas empresas de IA que dan miedo» resulta «un poco deshonesto».
