La IA no rompió la web: las grandes plataformas ya la habían debilitado

Fuentes: AI didn't break the web. The dotcons did – AI just turned up the volumeT4

Cada pocos meses, un ejecutivo de inteligencia artificial presenta su último modelo de lenguaje atribuyéndole valores, juicio o incluso una forma de conciencia. El caso más reciente gira en torno a Claude y la afirmación de que el sistema posee "una versión funcional de emociones o sentimientos". En un ensayo, el consultor y activista digital Hamish Campbell rebate esas lecturas: los grandes modelos actuales son software sofisticado que procesa enormes volúmenes de contenido humano y genera respuestas estadísticamente probables; lo que parece inteligencia, moral o emoción es el reflejo de la inteligencia, el lenguaje moral y la expresión emocional de las personas.

Campbell sostiene que el riesgo real no es que las máquinas se vuelvan conscientes, sino que la población las trate como si lo fueran. La narrativa de marketing de muchas compañías de IA fomenta esa confusión, y cuanto más humanas parecen estas herramientas, más fáciles resultan de vender. A este fenómeno lo denomina "antropomorfismo digital" y lo vincula a un patrón de décadas: en lugar de fortalecer comunidades, se construyen plataformas; en lugar de consolidar relaciones, se optimiza el engagement; en lugar de sostener instituciones públicas, se crean sustitutos privados.

El texto incorpora además una crítica al raspado masivo de datos por parte de los sistemas de IA, al que califica de "amplificador" dentro de un sistema ya deteriorado por la extracción previa de las grandes tecnológicas. Frente a la propuesta de reforzar el derecho de autor, Campbell defiende reconstruir espacios sociales y técnicos donde la reciprocidad, el contexto y la participación comunitaria vuelvan a importar.