Profesionales de la educación y el desarrollo web reportan un colapso económico y profesional debido a la adopción masiva de la inteligencia artificial generativa. Expertos como Baldur Bjarnason, Axel Rauschmayer y Salma Alam-Naylor describen cómo la demanda de cursos, libros electrónicos y contenido educativo ha caído drásticamente, dejando a miles de educadores independientes sin ingresos. Rauschmayer, autor de libros de JavaScript, ha tenido que retirar su contenido gratuito de internet para evitar que los rastreadores de IA lo plaguen sin compensación. Alam-Naylor, exespecialista en relaciones con desarrolladores, señala que la IA ha reemplazado la colaboración humana por interacciones con chatbots, erosionando la confianza y el valor de la experiencia experta. Kyle Cook, creador de contenido en YouTube, admite que sus ingresos por tutoriales de programación se han reducido a la mitad, mientras que Rachel Andrew, editora técnica, argumenta que la IA no aumenta la productividad real, sino que transfiere la carga de trabajo a editores y lectores, degradando la calidad del contenido. Estos casos ilustran una crisis sistémica donde la IA, diseñada para ser sycophantic y errónea, elimina la necesidad de habilidades humanas específicas, dejando a la industria en un estado de incertidumbre sobre su futuro.
