La inteligencia artificial ha transformado la creación de contenido digital, generando un volumen masivo de información de baja calidad que ha reconfigurado la dinámica de Internet. Un ejemplo reciente es el cierre del programa de recompensas por bugs de cURL, donde la IA produjo miles de informes de vulnerabilidades falsos, saturando a los voluntarios y desplazando el coste de la verificación al receptor. Este fenómeno, conocido como 'slop', ha reducido el esfuerzo inicial de publicación, eliminando la barrera de entrada que antes exigía tiempo y reputación.
El impacto se extiende a sectores como el empleo, donde LinkedIn recibe 11.000 solicitudes de empleo por minuto, un 45% más que el año anterior, y a las empresas, donde un estudio de BetterUp Labs y Stanford indica que el 40% de los trabajadores debe rehacer documentos generados por IA. La industria responde con mecanismos de filtrado y encarecimiento del acceso, como la verificación de identidad o las suscripciones, creando una 'discordización' de Internet. La paradoja tecnológica es que la IA, al democratizar la producción, ha revalorizado la exclusividad, la reputación y las relaciones humanas, perjudicando a los desconocidos que antes accedían a la audiencia mediante el esfuerzo y la calidad.
