La IA es un desastre: odiarla no basta

Fuentes: AI sucks. Hating it is not enough.

Ensayo argumentativo de un programador y ecólogo que se dirige a los detractores de la inteligencia artificial con una tesis incómoda: la IA, tal como se está desplegando, provoca daños reales y terribles —vigilancia masiva, destrucción de industrias, explotación laboral, degradación de habilidades, enorme gasto energético— y, aun así, no se puede desinventar, boicotear hasta hacerla desaparecer ni regularla de forma efectiva. A partir de esa premisa, el autor sostiene que la oposición basada solo en el rechazo es insuficiente y propone "adaptarse sin necesidad de adoptarla": aceptar la tecnología como un hecho y dedicar las energías a moldear su rumbo.

El texto combina memoria personal —el activismo climático del autor, su transición al software, su trabajo en código abierto y su identidad transhumanista— con análisis político y técnico. Cuestiona tres líneas de acción habituales entre los críticos: los boicots individuales, el bloqueo de centros de datos y la promoción del escepticismo sobre la viabilidad de la IA, a las que considera bienintencionadas pero políticamente impotentes frente a los incentivos económicos y geopolíticos que impulsan el sector.

Frente al "veganismo digital", el autor defiende una "esperanza amarga": la de quienes combaten el fascismo, el cambio climático y la desigualdad con la convicción de que la tecnología es inevitable, pero su trayectoria no. Termina reivindicando matices en un debate cada vez más polarizado y llamando a construir comunidades técnicas y políticas que influyan en cómo se diseña y despliega la IA, en lugar de limitarse a repudiarla.