Un ensayo de opinión advierte de que el uso creciente de la inteligencia artificial generativa está reduciendo la capacidad intelectual de las personas y, sobre todo, homogenizando su forma de pensar. El texto sostiene que la humanidad siempre se ha apoyado en tecnologías externas que la hacían «más tonta», desde los libros hasta la web, pero logró prosperar porque esas herramientas preservaban la individualidad: ofrecían información sin imponer un modo de procesarla.
Según el autor, la IA rompe ese equilibrio porque no solo externaliza el pensamiento, sino que orienta cómo pensar sobre la información que devuelve. El resultado sería una convergencia cognitiva global que dejaría a la especie sin vías de divergencia y, por tanto, sin capacidad de revertirse. El escrito compara este escenario con un «monolito de ignorancia» del que sería imposible escapar. Como cierre, lanza una consigna individual: conservar la estructura propia del pensamiento frente a la delegación sistemática en sistemas automáticos. El texto no aporta datos, estudios ni fuentes que respalden sus tesis, y se trata de una opinión personal sin contrastar, no de una información verificada.
