El Danubio atraviesa en 2026 uno de sus peores estiajes, según confirman las imágenes satelitales del programa Copernicus captadas al norte de Budapest, que muestran bancos de arena donde antes fluía el río. La falta de caudal, que ya se repitió en veranos anteriores, afecta al transporte fluvial y a la generación hidroeléctrica y ha obligado a países como Rumanía a recurrir a explosivos para mantener operativas sus centrales nucleares.
El descenso del nivel ha vuelto a sacar a la superficie parte de los aproximadamente 200 buques que la Kriegsmarine alemana hundió en el otoño de 1944 cerca de Prahovo (Serbia) para frenar el avance soviético. Estos restos obstaculizan la navegación y cuestan al país unos 5,75 millones de dólares anuales en pérdidas comerciales. Desde 2024, Serbia y el Banco Europeo de Inversiones intentan retirar 21 de esas embarcaciones, aunque la munición sin detonar ha provocado que al menos dos hayan vuelto a hundirse.
En la orilla búlgara, vecinos encontraron una mandíbula, dos colmillos y otros huesos de un mamut lanudo joven (Mammuthus primigenius) del Pleistoceno, recogidos por especialistas del Museo Regional de Historia. En Budapest, la aparición de una bomba de la Segunda Guerra Mundial obligó a cerrar el puente Margarita para proceder a su desactivación, y en Opatovac (Croacia) emergió un carguero hundido en 1937. La bajante ha favorecido también la pesca con imán de buscadores de tesoros, que han recuperado desde amplificadores de radio hasta casquillos de bala.
