La hambruna del cristal: espías, tributos fiscales y el desabastecimiento que dejó ciegos a los soldados británicos en 1914

Fuentes: The Glass Famine

En agosto de 1915, un agente del Ministerio de Municiones británico viajó a Suiza con una misión insólita: comprar prismáticos al enemigo alemán para usarlos contra el propio ejército germano. La anécdota, rescatada por el periodista económico Ed Conway a partir de documentos oficiales del Gobierno británico y recogida en su libro "Material World", ilustra un capítulo olvidado de la Primera Guerra Mundial: la llamada "hambruna del cristal". Cuando estalló la guerra, Alemaniacontrolaba la producción mundial de óptica de precisión a través de Zeiss (lentes) y Schott (vidrio óptico), y el Reino Unido dependía de Alemania para aproximadamente dos tercios de sus suministros ópticos. Con el inicio de las hostilidades, esas importaciones se cortaron en seco y las tropas británicas quedaron sin prismáticos ni visores para rifles, mientras los francotiradores alemanes, dotados de óptica Zeiss, diezmaban las filas aliadas. Las campañas públicas para donar binoculares —incluidas las del rey y la reina— no bastaron. Y los alemanes accedieron a vender su tecnología avanzada porque, a cambio, necesitaban caucho, un material que el Imperio británico controlaba desde sus colonias. Conway explica el origen de aquella dependencia en la fiscalidad británica de los siglos XVIII y XIX: sucesivos impuestos sobre el cristal, incluido el célebre impuesto sobre ventanas, ahogaron la inversión en I+D del sector, mientras que Alemania aplicaba una incipiente política industrial con exenciones fiscales y apoyo a sus vidrieros. El caso, argumenta el autor, ofrece lecciones vigentes sobre estrategia industrial y dependencia de materiales críticos.