La Conferencia de Tecnología de la Asociación Internacional de Jefes de Policía, celebrada en mayo en Fort Worth (Texas), reunió a miles de agentes interesados en una nueva generación de herramientas de inteligencia artificial aplicadas al trabajo policial. Entre los productos expuestos figuran cámaras de reconocimiento facial, lectores automáticos de matrículas, drones, chatbots para llamadas no urgentes al 911, sistemas de detección de disparos y plataformas de redacción automática de informes.
El sector presenta estos productos como asistentes para automatizar tareas rutinarias, lo que permite a los agentes centrarse en funciones de mayor valor. Sin embargo, críticos como Nina Loshkajian, investigadora del Centro sobre Raza, Desigualdad y Derecho de la Universidad de Nueva York, advierten de que estos algoritmos opacos pueden erosionar la transparencia y la rendición de cuentas en un momento de frágil confianza ciudadana hacia las fuerzas de seguridad.
Empresas como ForceMetrics, Motorola Solutions y Axon Enterprise comercializan centros de crimen en tiempo real, plataformas que agregan datos de cámaras, llamadas al 911 y lectores de matrículas para orientar a los agentes en el terreno. Jason Truppi, exagente del FBI y cofundador de ForceMetrics, defiende estos sistemas como una vía para reducir la improvisación policial. Históricamente, tecnologías como CompStat y PredPol prometieron decisiones más objetivas, pero terminaron amplificando sesgos y los problemas que decían resolver.
