La generación Z está reconfigurando la relación de los jóvenes españoles con el estudio y el trabajo. Tras la crisis de 2012, el perfil del 'nini' —jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban— se extendió con fuerza. Ahora, el 33% de los jóvenes de entre 16 y 29 años con empleo también cursa estudios, frente al 26% posterior a la pandemia. La Encuesta de Población Activa no mide directamente este solapamiento, pero los datos del SEPE muestran que la población activa de 16 a 29 años creció un 3,32% en 2025 —unas 131.700 personas más—, mientras que la inactiva apenas varió un 0,39%.
La tendencia es europea: la tasa de NEET en la UE ha caído 4,2 puntos desde 2015 hasta situarse en el 11%, y España se ha reducido del 22,5% en 2013 al 11,5% actual. El 22,5% de los europeos de 20 a 24 años ya combina formación y empleo, casi el doble que entre los adolescentes de 15 a 19 años. La Formación Profesional empuja con fuerza: en el curso 2025-2026 hay 1.211.062 alumnos matriculados, un récord histórico, y la tasa de afiliación al año de terminar un Grado Superior alcanzó el 51,1%, diez puntos más que el curso anterior. La presión económica —con un alquiler medio en torno a los 1.176 euros y una tasa de emancipación juvenil en mínimos— explica en parte por qué compaginar estudios y empleo se ha vuelto casi una necesidad. La próxima entrada en vigor del Estatuto del Becario, que equipara al becario a un trabajador con derecho a cotización, reforzará aún más este perfil.
