La captura de la primera gamba asiática (Macrobrachium asiática) en la península ibérica, detectada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en octubre de 2024, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del estuario del Guadalquivir. Este hallazgo, la más occidental de Europa, se atribuye a la entrada de especies en el agua de lastre de buques, aprovechando que Sevilla es el único gran puerto marítimo tierra adentro de España. Con 991 escalas de buques en 2025, el puerto actúa como un vector de riesgo crítico para la biodiversidad local. Históricamente, desde 1996, el estuario ha registrado la introducción de especies exóticas como el cangrejo chino de mitones y el camarón oriental, con una tasa de llegada de una nueva especie cada tres años según estudios de la Universidad de Córdoba. El cambio climático agrava la situación al alterar la salinidad del agua, un factor que favorece la supervivencia de estas especies invasoras. Aunque la normativa internacional exige ahora el tratamiento del agua de lastre, los expertos señalan que estas medidas son insuficientes. Se requiere una gestión integral del estuario para abordar también la introducción de peces como el siluro y el castor, que amenazan el equilibrio ecológico de los ríos españoles.
