Cantalejo, un municipio segoviano de menos de 3.700 habitantes situado a unos 90 minutos de Madrid, es el epicentro de la gacería (también llamada briquero), una jerga centenaria que los comerciantes de trillos y ganado crearon hace siglos como código para ocultar información durante sus negociaciones por España. La lingüista Sara Engra explica que esta variedad lingüística sigue las normas del castellano en sintaxis, estructuras y entonación, pero sustituye el léxico común por préstamos de otras lenguas —vasco, gallego, catalán, árabe y francés— y por voces castizas deformadas mediante metátesis, como 'miraglo' (milagro) o 'murciégalo' (murciélago).
El vocabulario documentado ronda las 353 palabras según la web Cantalejo.com —casi todas sustantivos, con unos 40 verbos y un puñado de adjetivos como 'sierte' (bueno), 'gazo' (malo), 'pitoche' (pequeño) y 'sievo' (anciano)—, aunque algunas fuentes elevan la cifra hasta 500. Ejemplos como 'La gacería la garlean los briqueros del Vilorio Sierte' ilustran su estructura: la frase equivale a 'La gacería la hablan los habitantes de Cantalejo'.
Sobre su antigüedad, los expertos barajan fechas que van del siglo XIII al XIX, con apogeo ya entrado el XX. La alcaldesa Ana Rosa Zamarro subraya que los artesanos recogían palabras en sus rutas por Galicia, País Vasco o Extremadura y las unificaban después en los talleres. Con la mecanización del campo y la despoblación rural, la jerga ha perdido hablantes, pero sigue viva: el colegio público la enseña a los niños, se ha traducido 'El Principito' como 'El pitoche engrullón' y se han editado libros de pasatiempos para preservar este patrimonio lingüístico único.
