El autor de este ensayo expresa su creciente frustración con la proliferación de documentos, propuestas de diseño y resúmenes de reuniones generados por inteligencia artificial, que suelen carecer de contexto y voz propia. Según sus observaciones, estos textos, aunque técnicamente precisos, resultan inhumanos y difíciles de leer para el público general, ya que eliminan la vulnerabilidad y el riesgo inherentes a la comunicación humana. El texto argumenta que la IA es útil para el autor cuando posee el contexto necesario, como en la redacción de papers académicos o documentación técnica, donde puede verificar hechos y mejorar la gramática. Sin embargo, cuando el texto se comparte con terceros que no participaron en el proceso de generación, la falta de contexto impide que el lector evalúe la relevancia de la información, lo que lleva a la deserción de la lectura. El autor cita estudios que indican que el 78% de los lectores deja de leer si perciben que un artículo es asistido por IA, y destaca la preferencia por la escritura auténtica, incluso si presenta imperfecciones, como señala Bjarne Stroustrup. En conclusión, la IA debe usarse para tareas mecánicas o de verificación, no para sustituir la voz humana en la comunicación interpersonal, donde la autenticidad sigue siendo el factor clave para conectar con el lector.
