El artículo repasa la evolución estética de los iconos de aplicaciones en macOS, desde la diversidad de siluetas característica de Mac OS X hasta la imposición del formato squircle (cuadrado redondeado) en Big Sur y, más recientemente, su endurecimiento en macOS Tahoe. Explica cómo Apple facilitó una plantilla para componer iconos compatibles con iOS sin obligar a abandonar formas arbitrarias, y cómo diseñadores aprovecharon esa libertad para romper los límites del squircle —como el icono de Sketch con un lateral translúcido, la palanca de Transmission sobresaliendo o la silueta orgánica de Keka—. Con Tahoe esa flexibilidad desapareció: los iconos que no encajan en la nueva plantilla son reencuadrados sobre un fondo gris claro, lo que el autor denomina "Squircle Jail" (cárcel del squircle). El texto distingue tres variantes de esa cárcel y discute cuándo el reencuadre mejora un icono mal diseñado y cuándo castiga precisamente a quienes seguían las recomendaciones previas. En una segunda parte, el artículo aborda los retos técnicos del diseño de iconos a gran escala: el salto de 128×128 píxeles (pre-Leopard) a 512×512 con CoverFlow y, después, a 1024×1024 con las pantallas Retina en 2011, multiplicando por 64 la cantidad de píxeles. El autor subraya que los diseñadores de iconos debían entregar todas las resoluciones previas en un único archivo ICNS, una carga de trabajo considerable. Por último, analiza el problema del "Corporate Blanding": la llegada masiva de desarrolladores tras el SDK del iPhone y la App Store, unida a la presión corporativa por reutilizar assets entre plataformas, ha producido iconos genéricos que ignoran las convenciones visuales de Apple.
La forma de las aplicaciones en macOS
Fuentes:
The Shape of Apps
