La fiebre de la IA está arrasando la toma de decisiones global

Fuentes: AI Mania Is Eviscerating Global Decision-MakingT5, hermit-tech.com

La fiebre de la inteligencia artificial ha capturado la toma de decisiones global con una intensidad sin precedentes, sumiendo a empresas y organismos públicos en lo que un observador privilegiado ha descrito como una auténtica "psicosis colectiva" sin prácticamente ningún caso de éxito documentado. Un ensayo firmado por un consultor tecnológico bajo el seudónimo ludic, publicado en su blog personal y replicado en el sitio de su empresa Hermit-Tech, sostiene que la totalidad de los proyectos de IA que ha podido observar en el último año y medio han fracasado, una tasa de éxito del 0% que incluye tanto los proyectos en los que su equipo participó como aquellos que presenció de manera tangencial.

El texto, basado en aproximadamente 300 conversaciones con profesionales que van desde ejecutivos de compañías del Fortune 500 hasta trabajadores de industrias de servicios de nicho, asegura que existe un consenso silencioso sobre el fracaso de estas iniciativas que nadie puede expresar en voz alta. "Los ejecutivos que digan a la prensa que su empresa se ha vuelto loca serán removidos de sus cargos", advierte el autor, quien señala que empleados, juntas directivas, proveedores y consultores tienen incentivos para ocultar la falta de resultados. Según el ensayo, muchas empresas cotizadas anuncian ganancias de productividad tras simplemente comprar licencias de herramientas como Copilot y declarar victoria.

Entre las causas del fracaso, el autor distingue dos categorías. La primera es la incompetencia general en gestión de proyectos de software, que se ve agravada por la novedad de la IA: "incluso haciendo todo bien puedes fracasar por el carácter inédito del método". La segunda son las limitaciones reales de los modelos de lenguaje, que no son psíquicos y dependen de documentación interna de calidad, algo que la mayoría de empresas carece. Los chatbots internos, según el texto, no logran adopción significativa entre empleados, mientras que los chatbots de atención al cliente rara vez ofrecen experiencias satisfactorias.

El ensayo incluye una anécdota reveladora: tras una avería en su vehículo, el autor contactó con Mitsubishi y fue atendido por un bot de voz que, aunque técnicamente competente, nunca devolvió la llamada prometida. El incidente, señala, ilustra cómo estas implementaciones aparentan funcionar en métricas superficiales mientras fracasan en lo que realmente importa, en este caso, la decisión del cliente de no volver a comprar.

La dinámica organizacional descrita es particularmente preocupante. El autor afirma que en empresas de más de 500 empleados resulta "peligroso" siquiera cuestionar el enfoque en IA. Su equipo ha aprendido a evitar preguntas sobre proyectos de IA en curso porque, una vez iniciados, es demasiado tarde para intervenir y cualquier cuestionamiento es percibido como un ataque a la cadena de mando. "No hay ninguna respuesta buena posible", resume.

La situación genera una espiral de silencio y complicidad donde quienes deberían alertar sobre los riesgos permanecen callados por miedo a represalias profesionales, mientras los directivos mantienen inversiones que saben condenadas al fracaso. El autor reconoce que algunas compañías podrían estar obteniendo beneficios reales de la IA, pero las considera "la excepción, no la norma".

Esta perspectiva, aunque proviene de un único autor con experiencia observacional limitada, coincide con señales de alerta crecientes en el sector. Encuestas recientes de consultoras como McKinsey muestran que aunque la adopción de IA generativa se ha disparado, las empresas reportan dificultades para medir el retorno de inversión y traducir las pruebas de concepto en impacto financiero real. La inversión global en infraestructura de IA, según datos de analistas como IDC, superará los 500.000 millones de dólares en 2025, con datacenter como principal destino, lo que sugiere que el capital fluye hacia la promesa de la tecnología más que hacia resultados comprobables en el corto plazo.

El cuadro que dibuja ludic es el de una burbuja institucional donde la presión competitiva, el miedo a quedarse atrás y la opacidad sobre los fracasos se retroalimentan. Si bien es difícil verificar su afirmación de un 0% de éxito sin acceso a datos internos de las empresas mencionadas, la dinámica que describe, donde empleados y mandos medios observan fracasos evidentes sin poder hablar, resuena con investigaciones académicas sobre el comportamiento organizacional durante ciclos previos de hype tecnológico, como el de las puntocom en 2000 o los proyectos blockchain a partir de 2017.

De confirmarse la magnitud del fenómeno descrito, las implicaciones serían significativas: una posible oleada de cancelaciones de proyectos, depreciación de inversiones masivas en infraestructura y, sobre todo, un daño reputacional para la propia industria de IA cuando la brecha entre expectativas y realidad se haga insostenible. Mientras tanto, las voces disidentes como la de ludic permanecen en los márgenes, documentando en tiempo real una fiebre colectiva que pocos se atreven a cuestionar en público.