La falacia del portero: cuando el código QR arruina un brunch

Fuentes: The Doorman's Fallacy in Action

La falacia del portero, término acuñado por el publicista Rory Sutherland, consiste en asumir que la tecnología puede sustituir a una persona sin consecuencias. Un ejemplo reciente lo vivió el autor durante un brunch en Dubái tras una clase de yoga: un grupo de seis personas se sentó en un local que había eliminado las cartas físicas y las había sustituido por un único código QR en la mesa. La experiencia fue un cúmulo de fricciones. Tuvieron que turnarse para escanearlo, varios no lograron leerlo al primer intento con sus iPhones y la conversación se interrumpió cuando alguien avisó de que el aparcamiento iba a expirar en dos minutos, lo que provocó una reacción colectiva para ampliar el tiempo y evitar la multa.

El problema llegó al pagar. La camarera insistió en usar el mismo código para dividir la cuenta entre seis comensales a la vez, generando caos, dudas sobre qué platos estaban abonados y la incomodidad de tener que revelar gestos como compartir un postre. Al final, quedaron 24 dirhams sin pagar. El autor concluye que la decisión del restaurante,看似 eficiente sobre el papel por ahorrar papel, personal y costes, acabó deteriorando la experiencia del cliente y dejando en el subconsciente de los comensales la idea de que quizá no merece la pena volver en grupo.