La precisión en la fabricación de máquinas durante la Revolución Industrial fue un desafío crítico que determinó la eficiencia de los motores de vapor y otros equipos. En la década de 1770, los talleres enfrentaban dificultades significativas para producir cilindros redondos y rectos, lo que provocaba fugas de pistones y vibraciones. La medición era limitada, con herramientas que solo permitían detectar errores de un décimo de pulgada. El avance decisivo llegó con John Wilkinson, quien en 1776 desarrolló una sierra de taladrado que utilizaba una barra de soporte más robusta, reduciendo la flexión y permitiendo cilindros con errores menores a un milimetro. Esta mejora fue esencial para James Watt, quien necesitaba cilindros precisos para su sistema de condensación separada, que ahorraba dos tercios de carbón. Además, la introducción de la 'slide rest' por Henry Maudslay en la década de 1790 permitió a las tornas de hierro cortar tornos con precisión, eliminando la vibración del operario. Estos avances, que combinaron mejoras en el tallado, la medición y el soporte de herramientas, sentaron las bases para la manufactura de precisión que caracterizó la era industrial.
