La estrategia de imagen de la reina Carolina con el mito artúrico

Fuentes: Queen Caroline’s use of Arthurian myth as royal PR strategy

En 1735, la reina Carolina de Gran Bretaña encargó la construcción de la Cueva de Merlín en los jardines del palacio de Richmond como una sofisticada herramienta de propaganda política. Su objetivo era consolidar la legitimidad de la dinastía alemana de Hanover, que había accedido al trono británico en 1714 y aún enfrentaba escepticismo por su origen extranjero. Al mismo tiempo, buscaba mitigar las tensiones públicas entre el rey Jorge II y su hijo, Federico, Príncipe de Gales.

La estructura gótica, repleta de figuras de cera de Merlín y profetas legendarios, no era una simple excentricidad arquitectónica. Carolina utilizó la iconografía artúrica para promover una identidad británica compartida que trascendiera las lealtades dinásticas. A diferencia de los jacobitas, que reclamaban el trono por derecho hereditario estuarto, la estrategia de Carolina apelaba al patriotismo y a las tradiciones históricas nacionales. Merlín, figura central en la cueva, simbolizaba la guía y el destino del reino, conectando simbólicamente el pasado medieval con el futuro de los Hanover.

Aunque críticos contemporáneos como Nicholas D'Anvers ridiculizaron la instalación como una colección de marionetas extrañas, la reacción opuesta confirmó que el mensaje político había sido comprendido. Los opositores tories y jacobitas atacaron específicamente la intención de legitimación de Carolina y su aliado Robert Walpole. Este episodio histórico ilustra cómo los mitos nacionales pueden instrumentalizarse para gestionar la percepción pública y la estabilidad monárquica, una lección que las instituciones reales siguen aplicando en la era moderna.