La escasez de cobre amenaza la transición verde: impacto en coches eléctricos, redes eléctricas y cadenas de suministro

Fuentes: Copper Shortage Threatens the Green Transition: Impacts on EVs, Grids, and Global Supply Chains

El cobre, un metal tradicionalmente asociado al cableado eléctrico, se ha convertido en un recurso estratégico para la transición energética. Su combinación de alta conductividad eléctrica, durabilidad, resistencia a la corrosión y coste relativamente bajo lo hace imprescindible en vehículos eléctricos, parques solares, aerogeneradores y redes de distribución. Un coche eléctrico de tamaño medio contiene entre 65 y 100 kilogramos de cobre, y las instalaciones renovables a gran escala requieren infraestructuras de cableado y puesta a tierra aún más intensivas en este metal.

La demanda de cobre crecerá de forma exponencial en las próximas décadas debido a los compromisos de descarbonización, la electrificación del transporte y la calefacción, y la modernización de las redes eléctricas. Sin embargo, la oferta se enfrenta a limitaciones estructurales: los nuevos proyectos mineros tardan entre 10 y 15 años desde el descubrimiento hasta la producción plena, las leyes de mineral son cada vez más bajas, los procesos de permisos son largos y la oposición social y ambiental crece en muchas regiones.

El refinado también constituye un cuello de botella, ya que las capacidades de fundición y refino no se distribuyen de forma homogénea y requieren inversiones elevadas. A esto se suma la concentración geográfica de la producción, que expone la cadena de suministro a riesgos geopolíticos, huelgas o restricciones comerciales. Algunos análisis estiman un déficit acumulado de 5 billones de dólares si no se amplían la minería, el refino y las redes eléctricas a tiempo, una cifra que refleja el coste combinado de expandir la capacidad, asumir precios más altos y asumir los retrasos en la descarbonización.