Un desarrollador con casi 30 años de experiencia describe cómo pasó de escribir la mayor parte de su código a mano a depender a diario de Claude, una asistente de IA, en apenas seis meses. La Encuesta de Desarrolladores de Stack Overflow de 2025 cifra en un 84% la adopción de herramientas de IA por parte de los programadores, y Gartner pronostica que en 2028 el 90% de los ingenieros de software empresariales las usarán, frente a menos del 14% a principios de 2024. En una encuesta informal realizada en la conferencia DevBcn con unos cincuenta desarrolladores, la respuesta fue prácticamente unánime: ya no conciben su trabajo sin IA.
El autor sostiene que esta adopción masiva coincide con una nueva fase, la de la eficiencia de tokens, en la que las empresas pasarán de tarifas planas a métricas concretas como el coste por funcionalidad y el porcentaje de confianza en el código generado. Esta última métrica es especialmente difícil, porque solo puede medirse cuando se conoce el dominio mejor que el modelo.
El texto distingue entre el núcleo de cada profesional, donde importa tanto el “cómo” como el “qué”, y el resto del trabajo, donde importa sobre todo el resultado. En ese segundo cajón, la IA permite construir lo que antes no se podía, pero deja al desarrollador incapaz de auditar lo entregado: una “bomba de relojería”. Como ejemplo, cita el caso de Moltbook, red social generada con vibe coding lanzada en enero de 2026, cuya clave de base de datos quedó expuesta en JavaScript del lado del cliente, permitiendo a Wiz leer y escribir 1,5 millones de tokens de API. El artículo cierra reflexionando sobre la responsabilidad de desarrolladores y organizaciones, con voces como Andrej Karpathy y Simon Willison debatiendo dónde está el límite entre vibe coding y agentic engineering.
