La Organización Mundial de la Salud (OMS) registra más de 7.000 casos de Ébola en la República Democrática del Congo (RDC) desde mayo, con una tasa de letalidad del 50%. Nicole Lurie, directora ejecutiva de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI), describe esta situación como la epidemia más preocupante que ha enfrentado la organización, tras la pandemia de Covid-19. La inestabilidad política y la violencia en la región han impedido el rastreo de contactos efectivo, dificultando el control del brote.
A pesar de la falta de una vacuna comercializada, CEPI ha redirigido 100 millones de dólares para acelerar el desarrollo de la vacuna ChAdOx1 BDBV de la Universidad de Oxford y el candidato de Moderna. Los ensayos de seguridad están en curso, con los de eficacia previstos para iniciar este mes. Sin embargo, la desconfianza de la población local hacia los trabajadores humanitarios y la falta de infraestructura médica complican la implementación de cualquier intervención. Además, la retirada de EE. UU. de la OMS y los recortes a la ayuda exterior han dejado a los equipos de respuesta sin personal y con escasez de equipos básicos. Lurie advierte que el programa de Ébola de CEPI agotará sus fondos en diciembre si no se recaudan más recursos, subrayando la necesidad de una respuesta internacional coordinada para evitar un desastre similar al de la crisis de 2014-2016 en África Occidental.
