El estudio analiza la formación religiosa en la Babilonia del primer milenio a.C., un periodo en el que la religión estaba intrínsecamente ligada al estado y a las estructuras sociales. A diferencia de las tradiciones modernas, no existía una unidad escolar discreta dedicada exclusivamente a la teología ni un texto sagrado centralizado; en su lugar, el contenido religioso se integraba en el currículo formal de los escribas y especialistas a través de diversos géneros textuales. La educación religiosa se caracterizaba por la transmisión de conocimientos especializados, como la divinidad, la astronomía y la medicina, que eran esenciales para las profesiones de alto estatus, incluyendo sacerdotes, exorcistas y astrónomos.
La formación religiosa se desarrollaba en dos niveles: la educación informal en el hogar y la educación formal en las escuelas. En el ámbito doméstico, los niños aprendían mediante la observación de rituales familiares, el culto a los ancestros y la participación en festividades públicas, utilizando a los padres como modelos. La educación formal, estructurada y estandarizada, se centraba en la adquisición de competencias literarias y técnicas para las profesiones específicas, como la escritura administrativa, la adivinación y la curación. Aunque las escuelas ubicadas en complejos templosles no eran necesariamente instituciones religiosas, el contenido religioso era fundamental para la formación de las élites y los funcionarios. Este enfoque demuestra que la educación religiosa en Mesopotamia no era un sector aislado, sino una parte integral de la formación de las élites y la transmisión de la memoria cultural y teológica de la sociedad.
