El software contó durante décadas con una ventaja estructural única: producir el producto una vez y distribuirlo a un millón de usuarios costaba prácticamente lo mismo que a uno. Esa dinámica sustentó márgenes brutos del 75-85%, convirtió el crecimiento agresivo en gasto defendible y dio lugar al manual del SaaS que rigió los últimos quince años.
La irrupción de la IA generativa rompe ese esquema. Cada interacción del usuario implica una llamada a un modelo de lenguaje, y cada llamada a un modelo de lenguaje cuesta dinero real. El coste de servir al cliente deja de ser marginal y pasa a escalar con el uso. El margen y la calidad del producto entran en conflicto directo, una decisión propia del mundo del hardware que ahora recae sobre el fundador de software.
Datos de ICONIQ cifran los márgenes brutos de los productos de IA en torno al 52% de media en 2026, muy lejos del 75-85% característico del SaaS. La variabilidad del coste por usuario empuja además hacia precios basados en consumo en lugar de suscripciones planas, y la paradoja de Jevons impide confiar en la caída del precio por inferencia como alivio estructural. El nuevo manual exige economía unitaria desde el día uno, precios alineados con el coste real y crecimiento autofinanciado.
