La doctora Débora Nuevo, internista y jefa de la unidad de microbiota del centro médico Olympia de Quirónsalud, sostiene que la salud intestinal se construye con patrones alimentarios equilibrados y sostenibles, no con productos milagro ni suplementos puntuales. En su práctica diaria, la especialista prioriza la diversidad de alimentos vegetales y limita los ultraprocesados, el alcohol y los azúcares añadidos, una postura avalada por la evidencia científica que vincula las microbiotas diversas con dietas ricas en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
Un día tipo en su mesa arranca con un desayuno de yogur natural, avena, frutos secos y fruta de temporada. A media mañana toma fruta o un puñado de frutos secos, mientras que la comida principal combina una ensalada variada con legumbres, verduras y una proteína (pescado, huevos u otra), siempre acompañada de aceite de oliva virgen extra. La merienda repite la fórmula de fruta o yogur, y la cena se inclina por verduras —cremas o salteados— con otra fuente proteica.
Nuevo reivindica el papel de las legumbres como fuente extraordinaria de fibra y almidón resistente, a la vez que pone en perspectiva el protagonismo de probióticos y fermentados: consume yogur a diario y kéfir de forma ocasional, pero advierte de que aumentar el consumo de verduras y legumbres tendría un impacto más relevante que cualquier fermentado. También desaconseja depender de suplementos o test costosos y recuerda que los cambios más consistentes pasan por mejorar la alimentación, dormir bien, hacer actividad física y evitar el uso innecesario de antibióticos. La salud intestinal, resume, se decide con lo que se come día tras día durante años.
