Tres años después de la destrucción de la presa de Nueva Kajovka en junio de 2023, un estudio publicado en Science advierte que los sedimentos del antiguo embalse del Dniéper, expuestos al aire y al agua tras la inundación, contienen unas 83.000 toneladas de metales pesados tóxicos —níquel, cadmio y plomo, entre otros— acumulados durante décadas por vertidos industriales de fábricas situadas río arriba. La investigación, encabezada por el Instituto Leibniz de Ecología de Aguas Dulces y Pesca Continental, cuantifica que menos del 1% de esos contaminantes ha llegado aún al cauce del Dniéper, pero las crecidas estacionales —como la de primavera de 2024, que inundó cerca de 900 kilómetros cuadrados— pueden movilizar el resto y contaminar suelos, ríos y la cadena trófica.
La autora principal, la doctora Oleksandra Shumilova, ha comparado el fenómeno con la lluvia radiactiva de Chernóbil de 1986 y lo ha calificado de "bomba de relojería tóxica". La superficie del antiguo embalse ha sido recolonizada por sauces, jabalíes y cánidos, lo que da una falsa impresión de recuperación. El equipo propone construir dos barreras de contención de unos 14 kilómetros cada una para aislar los sedimentos más contaminados y planea estudiar la bioacumulación mediante análisis de excrementos de ciervos. El propio estudio matiza que, en paralelo, se espera un restablecimiento del 80% de las funciones del ecosistema en cinco años.
