La depuradora del aeropuerto de Ibiza, diseñada para tratar los residuos de entre 5 y 6 millones de pasajeros anuales, no da abasto ante los más de 9 millones que ahora gestiona la infraestructura, con una ocupación hotelera del 91,59%. Vierte aguas fecales muy por encima del límite legal directamente al Torrent de sa Font, un cauce de nueve kilómetros que desemboca en la playa de Es Codolar, dentro del Parc Natural de ses Salines, espacio protegido por la Red Natura 2000 y zona de nidificación de flamencos. Cuatro muestras tomadas por la Alianza por el Agua entre junio y julio detectaron incumplimientos en todas las ocasiones; la peor, del 8 de julio, multiplicó por 17 el límite permitido de contaminación orgánica y por 18 los sólidos en suspensión, con niveles de E. coli superiores a 2.420 unidades por cada 100 mililitros, cuando la normativa fija un máximo de 200 para riego. La Alianza por el Agua resume el problema en tres frentes: acuífero salinizado, agua depurada que riega los jardines del aeropuerto sin parámetros exigidos y vertidos dentro de un parque natural, todo ello sin la autorización correspondiente. Más de una decena de entidades han firmado una denuncia y han remitido los resultados a la Fiscalía de Medio Ambiente y al Seprona. Mientras, AENA proyecta una ampliación de 230 millones de euros para alcanzar los 11 millones de pasajeros, incluida una sala VIP más grande. El PP de Ibiza ha exigido transparencia y GEN-GOB pide a la Guardia Civil que investigue posibles extracciones ilegales de agua. El problema no es exclusivo de la isla: Málaga cerró al baño dos playas por E. coli, el Tribunal de Justicia de la UE condenó a España en diciembre de 2025 por incumplir la directiva de aguas residuales urbanas y el informe Banderas Negras de Ecologistas en Acción señala 14 banderas por vertidos y saneamientos deficientes en todo el litoral.
