Mark Zuckerberg ha emprendido en el Reino Unido una escalada legal contra Sarah Wynn-Williams, exempleada de Meta y autora del libro superventas 'Careless People', en el que relata irregularidades cometidas por la cúpula de Facebook, entre ellas el aliento deliberado al genocidio en Myanmar. Las cláusulas de confidencialidad, no difamación y arbitraje vinculante que Wynn-Williams firmó al incorporarse a la compañía permiten a Meta silenciar sus críticas sin pasar por un juez.
Un árbitro designado por Meta ha ordenado a Wynn-Williams no hablar ni promocionar su obra y le ha impuesto una multa de 50.000 dólares por cada crítica, acumulando ya más de 11 millones de dólares, una cifra que supera con creces el patrimonio conjunto de ella y su marido, periodista del Financial Times. Aun así, la autora ha cumplido estrictamente la orden: permaneció callada durante una presentación con Cory Doctorow en Londres, no pronunció discurso al ganar un British Book Award y aceptó la cubierta de su libro difuminada en la pantalla del escenario.
El caso dio un paso más cuando Meta envió una amenaza legal al Hay Festival para impedir que Wynn-Williams participara en una charla sobre un asunto ajeno a la compañía, alegando que cualquier intervención pública vulneraría la resolución del árbitro. Doctorow compara la estrategia de Zuckerberg con la del dictador bielorruso Lukashenko, que detenía a personas por comer helado o aplaudir: acciones pensadas para que el perseguidor quede en ridículo por su desproporción.
