Los acuerdos financieros circulares en la industria de la inteligencia artificial —donde Nvidia, Microsoft y operadores de centros de datos se entrelazan como inversores, proveedores y clientes— no son un síntoma de burbuja, sino una muestra de que la computación se ha convertido en una mercancía fungible, comparable al petróleo o al cobre. Así lo sostiene este análisis, que descarta la comparación con las puntocom de 1999.
El texto explica que los acuerdos circulares son una práctica consolidada en sectores de materias primas desde los años sesenta: Japón los usó para financiar infraestructura, Jamaica los repitió en los ochenta y Estados Unidos los aplica ahora con MP Materials y el Departamento de Guerra para garantizar el suministro de tierras raras. En todos los casos, un actor solvente garantiza la compra futura del producto, lo que asegura el repago de los créditos y atrae más inversión.
En el sector de la IA sucede lo mismo: Nvidia financia a startups y neoclouds como CoreWeave (6.300 millones de dólares) y Firmus (505 millones), proporciona GPUs y se convierte en comprador de respaldo de la capacidad de cómputo no utilizada. SpaceX y Meta ya alquilan sus centros de datos a terceros por más de 2.000 millones de dólares mensuales. La GPU, la electricidad y los data centers son hoy commodities intercambiables, con carteras de pedido de un billón de dólares en Nvidia.
El artículo advierte, no obstante, de los riesgos si Nvidia compromete hasta 750.000 millones de dólares en este tipo de operaciones o si la fungibilidad del cómputo se rompe por cambios técnicos o regulatorios, lo que transformaría estos acuerdos en pérdidas inesperadas para empresas e inversores.
