El artículo del Modern War Institute sostiene que el Ejército de Estados Unidos ha pasado dos décadas optimizando su sostenimiento logístico para entornos permisivos, con líneas de suministro intactas, apoyo de contratistas y bases avanzadas estáticas. Bajo la nueva Estrategia de Defensa Nacional, basada en la competencia entre potencias y las operaciones multidominio, ese modelo se ha convertido en una vulnerabilidad. En operaciones de combate a gran escala, la victoria dependerá menos de la tecnología de las armas y más de la capacidad de sostener el poder de combate bajo ataque persistente.
El texto repasa cómo la Wehrmacht, a pesar de sus éxitos iniciales en la Operación Barbarossa, colapsó por falta de combustible, munición y ropa de invierno al avanzar más rápido que sus ferrocarriles y convoyes. También recuerda que en la Guerra del Golfo (1991) y en Iraqi Freedom (2003) el Ejército estadounidense contó con meses de acumulación de suministros sin oposición y superioridad aérea total, condiciones irrepetibles frente a un adversario paritario.
La guerra de Ucrania ilustra el mismo principio con datos contemporáneos: convoyes de 65 kilómetros inmovilizados por falta de combustible y los sistemas HIMARS ucranianos destruyendo depósitos de munición y nodos ferroviarios rusos a gran profundidad. El artículo identifica dos vulnerabilidades críticas en el sostenimiento estadounidense: el movimiento de combustible (Clase III) y munición (Clase V) a escala, y la dependencia de infraestructura centralizada fácilmente localizable. Propone sustituir el modelo hub-and-spoke por una red descentralizada de nodos pequeños, móviles, dispersos y con firma gestionada, acompañada de inversiones en camuflaje multispectral y control de emisiones electromagnéticas.
