Un estudio publicado en PNAS por un equipo de la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Stanford demuestra que las personas de clase social alta tienden a comportarse de forma menos ética que las de clase baja. La investigación combina siete experimentos diseñados para medir tanto las actitudes hacia la conducta no ética como las acciones concretas en distintas situaciones.
En los dos primeros estudios, observadores codificaron el estatus de los vehículos (marca, antigüedad y apariencia) en un cruce de California y registraron si los conductores se saltaban el turno. El 12,4% de los conductores cortó el paso a otros vehículos, y los coches de mayor estatus fueron los más propensos a hacerlo, incluso controlando por hora, sexo percibido, edad y volumen de tráfico. En el tercer estudio, los participantes completaron una escala de tendencia a tomar decisiones no éticas y su posición socioeconómica se midió con la escala MacArthur: la clase social predijo positivamente dicha tendencia.
El cuarto estudio indujo experimentalmente una percepción de rango social alto o bajo y midió una conducta real: robar caramelos destinados a niños de un laboratorio cercano. Los participantes en condición de clase alta tomaron más caramelos. El quinto estudio planteó un dilema laboral: informar a un candidato de que su puesto sería eliminado. Los participantes de clase alta mostraron menor probabilidad de decir la verdad y actitudes más favorables hacia la codicia, que medió completamente el efecto de la clase social. El sexto estudio replicó la mediación mediante actitudes codiciosas. Los autores concluyen que la mayor disponibilidad de recursos y la independencia asociada al estatus alto favorecen patrones cognitivos centrados en uno mismo, lo que facilita la conducta no ética.
