Edward Glaeser, economista de Harvard, sostiene que el concepto de ciudad de 15 minutos —según el cual los residentes pueden trabajar, comprar y estudiar en un radio pequeño alrededor de su hogar— debe descartarse porque no garantiza acceso a oportunidades reales. Considera que cualquier vecindario, por atractivo que resulte, no sustituye a la ciudad como espacio de conexión entre personas de distintos niveles de renta, edades y procedencias.
Glaeser recuerda los trabajos de Raj Chetty sobre movilidad social, que muestran que los niños criados en grandes ciudades estadounidenses acaban teniendo ingresos adultos inferiores a los de quienes crecieron fuera de ellas, mientras los adultos que sí emigraron a las urbes vieron mejorar sus salarios. La diferencia, argumenta, es que el adulto sale de su entorno cercano para trabajar y conectar con personas más formadas; el niño, en cambio, queda atrapado en un radio de 15 minutos que reproduce la segregación. Para el autor, sustituir el movimiento físico por el teletrabajo agrava la desigualdad: en mayo de 2020, el 70 % de los estadounidenses trabajaba en remoto, pero solo el 5 % de quienes no tenían estudios secundarios podía hacerlo.
En positivo, Glaeser defiende la peatonalización, los usos mixtos del suelo, la liberalización de pequeños comercios y la tarificación por congestión —como la implantada en Londres por Ken Livingstone, que financia el transporte de los más pobres con lo recaudado entre conductores acomodados—. También apuesta por experimentar con vehículos autónomos y modelos como el MTR de Hong Kong, donde el desarrollo inmobiliario sobre las estaciones subvenciona el ferrocarril. Sobre el Sur Global, advierte de que suele subsidiarse el transporte de los ricos, como el Gautrain de Johannesburgo, mientras los minibuses que usan los más pobres se autofinancian, y propone mejorar estos últimos en lugar de extender el primero.
