Un vídeo en el que un hombre de 84 años pasa de postrado en una cama a recitar de memoria un himno maoísta ha desatado una fiebre quirúrgica en China. La intervención, llamada anastomosis linfático-venosa cervical profunda (dcLVA), conecta diminutos vasos linfáticos del cuello con venas cercanas para, según su creador, mejorar el drenaje de residuos del cerebro. El microsurgeon Qingping Xie, presidente del hospital Qiushi de Hangzhou, la aplicó por primera vez en septiembre de 2020 a un paciente con alzhéimer y publicó los primeros resultados en 2022.
En 2023, el cirujano linfático Wei Chen, de la Cleveland Clinic, difundió las imágenes en congresos internacionales, lo que disparó el interés: cientos de hospitales chinos comenzaron a ofrecer la operación y miles de pacientes pagaron más de 200.000 yuanes (unos 30.000 dólares) por ella, atraídos por testimonios virales en Douyin y WeChat. La rápida expansión sin ensayos controlados llevó a las autoridades chinas a restringir la práctica a entornos de investigación clínica. Xie lleva detenido desde septiembre de 2024 por motivos no revelados.
Mientras arrancan ensayos en Estados Unidos y otros países, la comunidad científica permanece dividida. Algunos investigadores, como Young-Kwon Hong, del Beth Israel Deaconess Medical Center, reconocen que la base biológica es plausible —desde 2015 se sabe que el cerebro posee un sistema linfático—, pero advierten de que el entusiasmo ha superado a la evidencia y alertan sobre riesgos de infección, hemorragia y daño nervioso. Otros, como el neurocirujano J Mocco (Weill Cornell), defienden que debe investigarse con rigor antes de descartarlo.
