El uso de vinagre blanco en la base del inodoro es un hábito doméstico popular que, según la química, tiene una base científica para reducir el mal olor y disolver depósitos de sarro. El olor característico de la orina se debe al amoniaco, un subproducto de la hidrólisis de la urea por bacterias. Al aplicar vinagre, se crea un entorno ácido que convierte el amoniaco volátil en ion amonio inodoro, neutralizando así el mal olor. Además, el ácido disuelve las sales de fosfato cálcico que forman el sarro, facilitando la limpieza visual.
Sin embargo, la literatura científica no ha probado directamente la eficacia de este método en la base del inodoro, por lo que no se garantiza su resultado absoluto. El vinagre no es un desinfectante total; estudios muestran que elimina solo una parte de bacterias como S. aureus y E. coli, siendo menos eficaz que los desinfectantes comerciales. Para que el vinagre tenga un efecto desinfectante significativo, debe tener una concentración mínima del 5% y combinarlo con ácido cítrico. La recomendación de limpiar las superficies cercanas al inodoro se justifica por la generación de bioaerosoles durante la descarga, que se dispersan lateralmente. En cuanto al moho, el vinagre es ineficaz contra Aspergillus fumigatus, aunque puede inhibir el crecimiento de P. chrysogenum. La principal advertencia es la prohibición absoluta de mezclar vinagre con lejía, ya que esta combinación libera gases tóxicos peligrosos para la salud.
