La literatura científica confirma que las guarderías actúan como reservorios biológicos de virus, generando un aumento inmediato en las infecciones respiratorias y las bajas laborales de los padres. Estudios en Finlandia y España indican que el riesgo de neuromía y visitas a urgencias se duplica en el primer año de escolarización. Sin embargo, este 'efecto entrada' tiene una caducidad: a partir de los cuatro años, la diferencia en la frecuencia de enfermedades desaparece o se invierte a favor de los niños escolarizados. Aunque la inmunización temprana no garantiza una protección permanente, los datos muestran que los niños que asisten a guarderías presentan un 21% menos de cuadros respiratorios y un 43% menos de otitis en la etapa primaria. No obstante, investigaciones a largo plazo sugieren que estas ventajas protectoras desaparecen por completo a los 13 años. En enfermedades graves como el asma o la leucemia, la evidencia actual es preliminar y requiere más investigación para establecer asociaciones directas. La decisión de escolarizar no empeora la calidad de vida a largo plazo, pero implica un mayor estrés inicial para las familias.
