Un profesional describe cómo su cerebro ha aprendido a identificar y descartar de forma automática los textos generados por inteligencia artificial, un fenómeno que él denomina "ceguera a la IA" por analogía con la conocida ceguera publicitaria. Relata que al recibir documentos de trabajo —diseños, presentaciones de marketing, requisitos técnicos— redactados con bajo esfuerzo mediante modelos de lenguaje, su atención se desvanece y necesita repreguntar a los remitentes información ya incluida en el texto. Identifica patrones recurrentes: lenguaje grandilocuente, jerga característica de ciertos modelos, frases tipo "no vende X, vende Y", arquitectura técnica sin sentido mezclada con estrategia razonable, y reformulación exhaustiva de conceptos simples. Argumenta que, aunque la investigación académica suele afirmar que los humanos no detectan bien los textos de IA, la tarea resulta más sencilla con contenido de baja calidad. Tras un periodo de descanso en la costa báltica, donde recuperó la atención al percatarse de un detalle visual —un cartel con una foto de quiche con moho—, concluye que el entrenamiento previo con publicaciones, correos y sitios web vacíos bajo apariencia de texto le ha condicionado a filtrar ese material. Asegura que la misma IA pensada para aumentar su productividad termina por frenarla al obligarle a descifrar documentos que exigen un esfuerzo extra de interpretación.
La ceguera al contenido generado por IA
Fuentes:
I'm becoming AI-blind
