El matemático y empresario de aprendizaje automático David Bessis sostiene que la inteligencia artificial amenaza con destruir las matemáticas tal y como se conocen, aunque el impacto real será limitado. A partir de su experiencia personal —incluida una idea que nunca llegó a publicar y otra que sí, la demostración de la conjetura K(π,1) para grupos de reflexión complejos finitos— Bessis argumenta que el valor de la investigación matemática no reside en los teoremas en sí, sino en la intuición, las definiciones y los marcos conceptuales que los hacen posibles. Apoya esta tesis en una cita de William Thurston: el producto de las matemáticas es claridad y comprensión, no teoremas aislados.
El texto contrapone dos visiones de la disciplina: las "matemáticas oficiales", un sistema formal de deducción axiomática, y las "matemáticas secretas", la dimensión humana, intuitiva y creativa que nunca entró en los planes de estudio. Bessis describe un código de honor internalizado por los profesionales, documentado por la famosa frase de G. H. Hardy que desprecia la labor expositiva como tarea de "mentes de segunda fila". Este sistema de incentivos, explica, otorga todos los puntos a quien demuestra el teorema más difícil y cero a quien formula las definiciones clave.
Bessis advierte de que la IA, al automatizar la producción de teoremas, podría agravar esta distorsión y poner en peligro la disciplina. No obstante, concluye que el avance matemático seguirá dependiendo de la intuición humana para conjeturar y enunciar lo que merece ser demostrado.
