La Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca (OSTP) publicó esta semana el informe «Science: A New Golden Age», en el que sostiene que la administración Trump está en una posición privilegiada para reformar la ciencia financiada con fondos públicos y abrir una nueva era de progreso científico. El documento se presenta como heredero espiritual de «Science, the Endless Frontier», la política de posguerra que fundamentó la investigación federal, y argumenta que las circunstancias han cambiado lo suficiente como para exigir cambios estructurales profundos en la implementación gubernamental de la ciencia.
El informe identifica problemas reconocidos dentro de la comunidad investigadora, como el exceso de tiempo que los científicos dedican a redactar solicitudes de subvención y a tareas administrativas en lugar de investigar, y propone simplificar la normativa y agilizar los procesos de financiación. También aboga por integrar la inteligencia artificial como motor de un nuevo enfoque. Sin embargo, el texto omite los recortes presupuestarios masivos propuestos por la propia administración a la investigación y los intentos de permitir la revocación de grants por motivos políticos. Además, carece de coherencia interna, resulta vago al no identificar ninguna normativa concreta que reformar y mezcla quejas políticas con ideas de fundamento intelectual endeble e influencias de Silicon Valley, dado que el director de la OSTP, Michael Kratsios, trabajó anteriormente con Peter Thiel.
