América Latina dispone de condiciones geográficas privilegiadas para la actividad espacial: los países cercanos al ecuador aportan un impulso extra a los cohetes gracias a la mayor velocidad lineal de rotación terrestre, y cuentan con territorios aislados, políticamente seguros y sin huracanes. Ahí se asientan plataformas como el Centro Espacial de Kourou (Guayana Francesa, ESA) o el Centro de Lanzamiento de Alcántara (Brasil), con otras más en desarrollo.
Varios países de la región, entre ellos México, Argentina, Chile, Colombia, Brasil y Perú, mantienen programas espaciales consolidados. Brasil lanza satélites meteorológicos y ambientales desde los años noventa; Argentina opera el programa SAOCOM con inversión sostenida; y la agencia peruana CONIDA acaba de cumplir medio siglo de actividad. La cooperación internacional resulta imprescindible: Argentina trabaja con Italia, mientras que Perú y Venezuela han lanzado satélites con China.
Esa cooperación choca con la presión de Estados Unidos. Según Laura Delgado López, investigadora de la Florida International University, Washington ha reorientado su política hacia la región bajo una lente de seguridad nacional ante la ausencia de separación entre entidades civiles y militares chinas y el carácter de doble uso de la tecnología espacial. Como ejemplo, la experta cita el observatorio de Cerro Ventarrones, acordado en Chile con China en enero de 2023 y cancelado definitivamente en enero de 2026 tras una advertencia de la embajada estadounidense que llevó a la Cancillería chilena a revisar y anular el convenio. La investigadora señala que la presión de EEUU "quizás no fue decisiva, pero fue un factor" y que algunos países han retirado acuerdos con China tras las advertencias.
