La campana eléctrica de Oxford, también conocida como pila seca de Clarendon, es un dispositivo experimental instalado en 1840 que ha sonado de forma casi continua desde entonces. Se trata de una de las primeras piezas que el físico y clérigo Robert Walker adquirió para una colección de aparatos, y actualmente se conserva en un pasillo adyacente al vestíbulo del Laboratorio Clarendon, en la Universidad de Oxford, protegida tras dos capas de cristal que hacen inaudible su tañido.
El mecanismo se compone de dos campanas de latón situadas bajo sendas pilas secas conectadas en serie, lo que genera cargas eléctricas opuestas en cada campana. Entre ellas oscila una esfera metálica de unos 4 mm de diámetro que, al tocar una campana, se carga con su misma polaridad, es repelida y atraída por la opuesta, produciendo una oscilación de 2 hercios (cada medio segundo). El uso de fuerzas electrostáticas requiere alto voltaje pero traslada una cantidad mínima de carga, por lo que las pilas se agotan muy lentamente.
La composición exacta de las pilas se desconoce, aunque se sabe que están recubiertas de azufre fundido como aislante y que probablemente sean pilas Zamboni. Este tipo de dispositivo desempeñó un papel relevante en el debate histórico entre la teoría de la tensión de contacto y la teoría de la acción química. El experimento no constituye un movimiento perpetuo: la campana se detendrá cuando las pilas igualen sus cargas, salvo que el badajo se desgaste antes. Desde 1840 ha producido unos 10.000 millones de tañidos y ostenta el récord Guinness como la batería más duradera del mundo en tintineo incesante. Solo las interrupciones puntuales por humedad elevada han detenido su funcionamiento.
