Nokia dominó el mercado mundial de teléfonos móviles durante más de una década, hasta que el iPhone presentado por Steve Jobs el 9 de enero de 2007 y la posterior irrupción de Android desencadenaron el fin del fabricante finlandés. En 2005 la empresa vendió su teléfono número mil millones y producía uno de cada tres celulares del planeta, pero en 2014 vendió su división de teléfonos a Microsoft por una fracción de su valor máximo.
Modelos como el 3210 (1999) y el 3310 (2000), con antena interna y el juego Snake, popularizaron los SMS enriquecidos, las melodías polifónicas personalizables y la mensajería multimedia. El Nokia 1100, lanzado en 2003, se convirtió en el teléfono más vendido de la historia con 500 millones de unidades, gracias a su precio cercano a 100 dólares, su resistencia al polvo y la lluvia y una autonomía en espera de 400 horas.
Documentos internos de Nokia, ahora públicos en el archivo de diseño de Aalto, muestran que la compañía organizó una reunión de respuesta el 10 de enero de 2007, apenas 24 horas después del lanzamiento del iPhone. En las diapositivas se reconocía que Apple era un competidor serio y que Nokia debía desarrollar su propia interfaz táctil para competir. Aunque la dirección detectó la amenaza, la transición hacia el ecosistema de smartphones llegó demasiado tarde y la supremacía de la marca se diluyó en pocos años.
