Cáceres y Badajoz, las únicas capitales de provincia limítrofes en Extremadura sin conexión por autovía, siguen desconectadas tras dos décadas de reivindicaciones. La infraestructura, conocida como A-58, promete reducir el tiempo de viaje de más de una hora a menos de 40 minutos, pero no ha abierto ni un solo metro al tráfico público. El proyecto, inicialmente prometido en 2006 como EX-A4, quedó congelado tras la crisis de 2008 y solo ha avanzado con pequeños impulsos verbales hasta la actualidad.
El primer avance significativo llegó en octubre de 2025, cuando se construyó un tramo de 13,5 kilómetros en Cáceres con una conexión a la A-66, con un coste estimado entre 90 y 100 millones de euros. Sin embargo, el único tramo abierto al tráfico es el que une Trujillo con Cáceres, no el que conecta directamente con Badajoz. Las obras se han paralizado previamente por sobrecostes y la aparición de tumbas romanas, mientras que la licitación de 2019 se detuvo por la pandemia y la invasión de Ucrania. A pesar de que el tren de alta velocidad Avant ya une ambas ciudades en 43 minutos, la falta de una autovía directa sigue siendo un obstáculo para la movilidad regional.
