La autorreferencia no fue clave en la IA: Scott Aaronson reescribe el legado de Hofstadter

Fuentes: LLMs and self-referentiality

Scott Aaronson reflexiona sobre cómo la autorreferencia, considerada durante décadas el eje de la inteligencia artificial según la tradición de 'Gödel, Escher, Bach' de Douglas Hofstadter y obras como 'La nueva mente del emperador' de Roger Penrose, no fue necesaria para construir los modelos de lenguaje actuales. En 2026 los grandes modelos conversacionales superan a la mayoría de humanos en tareas intelectuales bien definidas, y en ninguna capa de su arquitectura —transformers, GPUs, entrenamiento— se introdujo explícitamente autorreferencia. Su capacidad de hablar sobre sí mismos, sobre el teorema de Gödel y sobre la propia conversación surgió como derivado del preentrenamiento, del mismo modo que la autorreferencia aparece en lógica o en programación sin necesidad de programarla: como consecuencia de la universalidad. Aaronson sostiene que las ideas que la historia ha acabado validando son las que vinculan inteligencia con predicción, compresión y complejidad de Kolmogorov, no los 'bucles extraños'. La conciencia y la experiencia subjetiva siguen siendo un misterio y, admite, podrían guardar relación con la autorreferencia; pero la idea de que la autorreferencia explícita era un requisito previo para una inteligencia conversacional convincente debe enterrarse junto al geocentrismo, el flogisto o el psicoanálisis freudiano.